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lunes, octubre 18, 2021

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“Los sueños son para ser cumplidos”, el legado de Miguel Romano

El 21 de mayo de 2012, nos dejaba físicamente el querido periodista de Santa Fe. A ocho años de su partida, compartimos esta nota en su homenaje, en la pluma de su coprovinciano Diego “Turco” Vergara.

En una mezcla de responsabilidad por un lado, y de gran orgullo por el otro, me toca escribir sobre la pérdida terrenal de un colega como Miguel Romano.

Soy de su misma provincia, la invencible de Santa Fe. Empiezo por su ciudad natal, Coronda: tiene una costanera envidiable, por su calidad familiar, lugar que siempre eligió no sólo para las fiestas, sino para que cada verano volver a visitarla. Y de paso, un par de tiritos en el hoy renovado gimnasio del club Regatas, entidad que decidió que la cancha lleve su nombre. Hasta hay una Copa que se disputa en honor a su pasión por el básquet y su constante apoyo.

Sigo por una de sus pasiones, el periodismo. A los 17 partió rumbo a Capital Federal, no sin antes pasar por el Círculo de Periodistas, trabajando para revistas partidarias y como corresponsal de la emisora santafesina de la capital, LT9 Radio Brigadier López.

Llegó el tiempo de Crónica, y luego La Nación. Cubrió siete Mundiales consecutivos (desde España 1986 a Turquía 2010), tres Juegos Olímpicos (Barcelona 92, Atenas 2004 y Pekín 2008), siete Premundiales, seis Preolímpicos, cinco finales de la NBA…

Según el recuerdo del Diario La Nación, atrapado por el básquetbol y apasionado por el periodismo. Según sus palabras, comentó para Cablevisión las finales Lakers-Boston, trabajó en canal 7, disfrutó del TNA en TyC Sports, fue productor de “Básquet de Primera”, comentarista de la Liga de las Américas en Fox Sports y entre 1989 y 1994 dirigió la revista “Sólo Básquet” (desde el número 1 al 265). Además, hizo radio en Del Plata, Continental, Splendid y La Red, entre otras.

En 2005 cumplió el sueño de escribir el libro “Dos veces 10”, sobre la vida de Manu Ginóbili.

Hasta este momento del texto, cuestiones casi formales para describir lo grande que fue, y todo el amplio camino profesional recorrido.

La otra parte que uno puede contar es la del contacto con los colegas vinculados al básquetbol. El trato, la comunicación, el ida y vuelta y, a mi criterio, una de las enseñanzas que pocos se detienen a observar. Podría escribir sobre alguna una cobertura NBA, de su gran libro, de sus opiniones acerca de las organizaciones y su visión crítica acerca del futuro. Pero me detengo en dos cuestiones: te atendía el teléfono, y casi nunca un “no”. Y otra que se me viene a la memoria: la entrevista a un jugador, con papel y lápiz luego de un partido.

Miguel defendió siempre el periodismo del interior y los esfuerzos que se llevan a cabo para las coberturas radiales. De hecho, remarcó la importancia de las emisoras y sobre todo, reclamó mayor atención de parte de las organizaciones para mejorar las condiciones laborales dentro de una cancha.

Y en ese punto, es que Miguel fue uno de los que pensó en aquellos legados del bien común. Quería una asociación de periodistas de básquet, creía que era un camino adecuado y coincidió en varios encuentros. Lamentablemente no pudo ver en vida lo que hoy es APREBA.

No  me caben dudas que nos hubiese marcado muchas cosas. Y en ese contexto estaría trabajando con APREBA por esos mismos objetivos, aunque durante años no encontraron un punto en común para el inicio.

Hablar de él como persona me retrotrae a compartir partidos, charlas y los sanos consejos de siempre. Confieso que pude verlo disfrutar y competir. Jugando en cancha de Rivadavia Jrs en un picadito de prensa, ¡cómo le gustaba ganar!!!. También los lisos, algo incomparable en su paso por San Martín y Boulevard de la Capital, en alguna charla con ex jugadores.

Por algo quedará para siempre, en cada encuentro de APREBA, el picadito como ceremonia religiosa y la copa Miguel Romano. En Córdoba fue el salto inicial y con la emoción que fue recordarlo, ninguno se olvidará de él.

Miguel fue un colega más, pero no cualquiera. Recordarlo con una sonrisa, es uno de los homenajes que me nacen desde el alma.

Ser compañero de sus colegas, disfrutando tal vez como él más quería, con buenas compañías que lo hagan sentir bien.

Como en Coronda, como en Regatas, como en la redacción, como en la radio, como en su casa, como en un viaje.

Con el papel y el lápiz, escribiendo todos los sueños que cumplió, de puño y letra.

¡Saludos al cielo Miguel!!! 

Texto: Diego Vergara, vocal de la CD de APREBA.

Foto: Periódico Corondino

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