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miércoles, agosto 4, 2021

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Osvaldo Orcasitas, maestro de periodistas

El 19 de febrero de 2015 nos dejaba un imprescindible de nuestra profesión, a quien en diciembre distinguimos como socio honorario de APREBA. A cinco años de su partida, lo recordamos con este texto de Alejandro Pérez, publicado originalmente en el portal de DeporTV.

Tal vez por ese acto instintivo de negación hacia la muerte o por la impotente desazón que lo domina todo, pero me rehúso a que estas líneas se conviertan en una nota necrológica, aun cuando las circunstancias la ubiquen en ese rubro periodístico.

Me moviliza la elemental intención de que este puñado de recuerdos apenas actúe como un sencillo homenaje a uno de esos periodistas que marcaron un camino en el deporte argentino. Es que Osvaldo Ricardo Orcasitas (O.R.O.) fue referencia y guía para muchos de los que nos movimos en este ambiente en los últimos 45 años.

En el ambiente del básquetbol fue casi una leyenda surgida desde las páginas de El Gráfico, cuando muy pocos apostaban por este deporte en épocas de derrotas frecuentes. Se volvió más grande cuando su aporte resultó gravitante en la implementación de la Liga Nacional en los años 80 y se ganó el respeto eterno por su actitud siempre componedora y positiva en favor del básquetbol.

Osvaldo Orcasitas (O.R.O.) fue un periodista que enseñó a hacer buen periodismo a todos los que pasaron cerca suyo. Fue ejemplo de profesionalismo, de responsabilidad, de dedicación, de decencia y de ética laboral.

Transmitió, con sus formas ceremoniosas y formales, pero con una gran cuota de cariño, que el periodismo se practicaba con esfuerzo y sacrificio desde la pasión y el amor que él sentía por esta actividad y que todo eso debía estar destinado a un único objetivo: que la gente común se informara más y mejor.

En la Bombonerita, siempre junto al básquet

Fue maestro de periodistas. ¿Si él quiso serlo? No puedo asegurarlo, pero sí confirmo que él era consciente de que hacía docencia. Sabía que en cada consejo, en cada recomendación, moldeaba como mejor periodista al destinatario. Y se sentía capaz en esa tarea diaria, casi cotidiana.

Tenía algunas banderas, todas relacionadas entre sí y todas básicas para la tarea periodística, que defendió hasta los últimos días, con esa forma tan particular de hablar, estirando las palabras, remarcando las sílabas, pero siendo siempre claro y directo.

Insistía con ser preciso, ser exacto, con la información. Ahí sacaba a relucir la historia del puente y la contaba así. “Había tres hombres en uno de los extremos de un puente. ‘Para mí este puente mide 30 metros’, dijo uno mirando a la distancia. ‘Para mí, mide 40 metros’, dijo otro, desde el mismo lugar. El tercero agarró un metro, midió el puente y cuando tuvo la medida, les dijo a los otros. ‘El puente mide exactamente 34 metros’. Y recomendaba, para informar con la mayor precisión, que “siempre hay que medir el puente”.

Esto iba de la mano con otras de sus saludables obsesiones, chequear la información. Uno podía contarle la última, la mejor noticia, a la que Osvaldo Orcasitas (O.R.O.), siempre respondería con el antológico “¿eso está chequeado?”. Recomendaba estar seguro de todo lo que se publicaba para evitar errores de los que costara volver. Por eso, todas sus notas le llevaban un tiempo superior al normal, por ese trabajo de asegurarse que en todas sus líneas no hubiese ningún error.

Con los errores, precisamente, tenía una lucha encarnizada. Los perseguía, con ojo de águila, con especial perseverancia. Sobre todo en notas que incluyeran estadísticas, algo muy frecuente en el básquetbol, el deporte al que le entregó su alma. “Los errores que se dejan pasar se transmiten con el tiempo y quedan para siempre”, me repetía cada vez que sabía que estaba armando la Guía Oficial de la Liga Nacional.

Si algo lo fastidiaba a Osvaldo Ricardo Orcasitas (O.R.O.) era cuando se ponían datos de memoria. “La memoria no existe”, relataba como una sentencia divina y aconsejaba, una y mil veces, revolver en los archivos. “El archivo no muerde”, dictaba más terrenal, pero igual de seguro. Invitaba y alentaba a recurrir permanentemente a los archivos para revolver en algo que le entusiasmaba, la historia. Solía decir que “los datos están ahí, solo hay que tener la decisión y la voluntad de buscarlos”. Por eso, en su única incursión en los medios digitales, dejó en webasketball una extensa serie de notas sobre los jugadores más destacados de la historia del básquetbol argentino, en las que se reflejaban largas horas de búsqueda en registros pasados.

Hace unos cinco años atrás se me ocurrió armar una ficha con todos los basquetbolistas que pasaron por la selección argentina desde 1930. Se lo comenté y se entusiasmó enseguida con la idea. “Osvaldo, ¿cómo hago con los más viejos, con los que murieron?”, le consulté. “Para eso sirve la Guía Telefónica. Esos ex jugadores deben tener familiares. Tenés que buscar uno por uno en la Guía”. Y el maestro no se equivocó. Así fueron apareciendo muchos de esos datos. Durante varios meses, O.R.O. me llamaba todos los días para saber si había conseguido contactar a alguno más o bien para pasarme información que él mismo había recopilado. “¿Cuántos llevamos?”, consultaba periódicamente, con el entusiasmo de los pibes cuando juntan figuritas para el álbum.

En la redacción de El Gráfico, su segundo hogar

Osvaldo Ricardo Orcasitas (O.R.O.) fue un gran jefe, exigente, pero también generoso, solidario y afectuoso, que se empecinaba en pagar las cenas en las que reunía a muchos de sus subordinados, todos jóvenes a los que guiaba y protegía. En el ambiente del básquetbol hizo lo mismo y fuimos varios los que disfrutamos de sus invitaciones gastronómicas.

Otra graciosa obsesión eran los segundos nombres. En todas sus notas así identificaba a los protagonistas y me lo aportaba cuando yo no los ponía en las mías. Y saludaba con el nombre completo, incluido el segundo nombre, a cualquier eventual interlocutor. En los últimos 25 años, en las religiosas llamadas que hacía a mi casa (nunca al celular), me saludaba con el infaltable: “¿Cómo está el popular Alejandro Ricardo Pérez?”

Hasta el final mantuvo el deseo irrenunciable por estar informado. Esas llamadas diarias, con ese saludo particular, eran el motivo para intercambiar noticias y analizar temas de actualidad, que siempre dejaban saldo positivo.

Osvaldo Ricardo Orcasitas (O.R.O) ya no está, pero lo recordaremos, agradecidos, cada vez que ejerzamos la profesión en la que él nos ayudó a ser un poco mejores.

Texto: Alejandro Ricardo Pérez.

Fotos: Revista El Gráfico y diario La Nación.

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