Juan Pablo Sosa, artífice de un emotivo homenaje en Quilmes de Mar del Plata

El gimnasio nº 2 del club de Luro y Guido lleva el nombre de Horacio Jorge Duhalde, expresidente del "tricolor" entre 1996 y 2002, a raíz de una iniciativa del socio fundador de APREBA

Una elevada dosis de emoción vivió la familia quilmeña en el anochecer de este viernes, en la sede social de Luro 3868. Allí, el antiguo gimnasio N° 2, ubicado detrás del mítico Nuevo José Martínez, no sólo se reinauguró el recinto -puesto en valor e impecablemente presentado-, sino que se lo rebautizó. El nombre elegido: Horacio Jorge Duhalde.

Representante de una tradicional familia del Club Atlético Quilmes, Duhalde, presente en el acto y visiblemente conmovido, fue presidente de la entidad “tricolor” en el período 1996-2000, y hoy, a sus 85 años, continúa colaborando con el club de sus amores como fuente de consulta permanente sobre diversas cuestiones relacionadas con la vida institucional.

El renovado espacio lució colmado por familiares, amigos, socios, allegados e invitados especiales (entre ellos, anteriores presidentes de la institución, como Juan Carlos Barciela y Marcelo Jiménez), quienes demostraron todo su afecto y admiración por el avezado dirigente.
La apertura formal del acto contó con el ingreso de las banderas ceremoniales. El pabellón argentino fue portado por la gimnasta artística Yasmín Azpitarte Saravia, y el del club, por el arquero de primera división del fútbol de la entidad, Manuel Puente, antes de que todos los presentes entonaran el Himno Nacional Argentino.

La placa fue descubierta por el propio Duhalde, acompañado por el presidente actual, Gustavo Arraiz, y por el ex Secretario Deportivo y Vocero de Prensa del club, entre otros cargos, Juan Carlos Reusmann.

El actual presidente de Quilmes, Gustavo Arraiz, elogió la iniciativa de esta asignación de nuevo nombre para el gimnasio, autoría de Juan Pablo Sosa y aprobada por unanimidad en la comisión directiva. “Esta decisión de renombrar el gimnasio como Horacio Jorge Duhalde nos llena el corazón. Porque él es una fuente de consulta permanente, siempre está para dar una mano, con un empuje que es digno del espíritu quilmeño que nos distingue. Nadie más que vos -dirigiéndose al homenajeado-, merecía este honor”, señaló Arraiz.

A su turno, Sosa explicó que tuvo el impulso de presentar esta moción luego de ir a tirar al aro con su hijo Salvador (basquetbolista de las divisiones formativas del club) al “gimnasio 2”, y recordó que desde que era muy chico, en cada paso que daba en el club, la figura de Horacio Duhalde era omnipresente y, por lo tanto, merecía tener este homenaje en vida.

“Este reconocimiento no es otra cosa que un acto de pertenencia. Porque ese sentido de pertenencia es algo que parece costarle encontrar a las nuevas generaciones. Hay personas que sólo pasan por las instituciones y otras que dejan una huella profunda. Duhalde es muy especial porque deja un legado, en el club y en su familia”, indicó Sosa antes de confundirse en un fuerte abrazo con el protagonista central del acto.

Antes del momento culminante, el descubrimiento de la placa con el nombre que identifica de ahora en más al rectángulo, se proyectó un video en el cual Duhalde, con una memoria prodigiosa, relató buena parte de la historia del club con recuerdos vívidos.
“Nací frente a la antigua sede de Quilmes, en 25 de Mayo y Olazábal. A los 10 años me pusieron una camiseta para jugar por el club. ¿Cómo no iba a hacerme hincha de Quilmes? En 1954 se compraron los terrenos para la nueva sede, en Luro y Guido. Lo primero que se construyó fue el gimnasio José Martínez. Fue el primer escenario cubierto con tribunas de la ciudad. Las selecciones de Mar del Plata jugaban todos los Provinciales en nuestro club, que desde fines de la década del ’50 no paró de crecer. Agradezco profundamente a Juan Pablo Sosa, un amigo de toda la vida, por haber elevado esta propuesta. Que un gimnasio del club que amo tenga mi nombre es una cosa de locos. Jamás me lo hubiera imaginado. ¿Cómo no voy a emocionarme? ¡Qué club hermoso!”, cerró, ya casi sin poder hablar y rodeado por el amor de todos.

El final de fiesta fue la foto junto a la placa junto a su esposa, hijos, nietos y bisnietos (también es el suegro de Eduardo Dominé, otra leyenda quilmeña), para una toma inolvidable.

Texto y fotos: diario La Capital de Mar del Plata

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